Es el hombre un ser tan tenazmente contradictorio que no acepta imposición alguna en su provecho, y sí sufre cualquier coacción en su perjuicio.
Es fácil reconocer si el hombre tiene gusto: la alfombra debe combinar con las cejas.
Es fácil ser humorista cuando tienes a todo el gobierno trabajando para ti.
Es grande ver a un hombre crecerse ante el fracaso y que empieza de nuevo.
Es hombre quien imponiéndose a su yo se somete a los «li» (costumbres), a la ley de las convenciones sociales.
Es locura manifiesta vivir precariamente para poder morir rico.
Es maravilloso escuchar el silencio del hombre.
Es más fácil conocer al hombre en general que a un hombre en particular.
Es más fácil juzgar el talento de un hombre por sus preguntas que por sus respuestas.
Es más fácil variar el curso de un río que el carácter de un hombre.
Es mejor saber después de haber pensado y discutido que aceptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar.
Es mejor ser hombre que mujer, porque hasta el hombre más miserable tiene una mujer a la cual mandar.
Es mucho más fácil, en general, morir por los otros que saber vivir para ellos.
Es mucho mejor hacer amigos, comprenderse mutuamente y hacer un esfuerzo para servir a la humanidad, antes de criticar y destruir.
Es muy cierto que gran parte de los hombres que son incapaces de amar tampoco valen mucho para la amistad. Pero también se ve menudo lo contrario.
Es muy difícil decir si el hombre nace malo o si se vuelve así enseguida.
Es muy difícil pensar noblemente cuando no se piensa más que para vivir.
Es necesario sembrar para el futuro.
Es necesario ser casi un genio para ser un buen marido.
Es necesario tener el apetito del pobre para gozar la fortuna del rico.
Es necesario tener tanta discreción para dar consejos como docilidad para recibirlos.
Es para mi difícil ver cómo alguien puede desear que el cristianismo sea verdad; porque si es así, el lenguaje común del texto parece mostrar que el hombre que no cree, y esto incluiría a mi padre, hermanos y casi todos mis amigos, serán condenados permanentemente. Y ésa es una doctrina detestable.
Es para mí una alegría oír sonar el reloj: veo transcurrida una hora de mi vida y me creo un poco más cerca de Dios.
Es peligroso escuchar. Se corre el riesgo de que le convenzan; y un hombre que permite que le convenzan con una razón, es un ser absolutamente irracional.
Es poderoso el hombre sereno.