Nadie es un gran hombre para su criado.
Nadie está tan ocupado como para no encontrar tiempo para contarle a todo el mundo lo ocupado que está.
Ni la sociedad, ni el hombre, ni ninguna otra cosa deben sobrepasar para ser buena los límites establecidos por la naturaleza.
Ningún día es demasiado largo para el que trabaja.
Ningún hombre es lo bastante bueno para gobernar a otro sin su consentimiento.
Ningún hombre es tan tonto para desear la guerra y no la paz; pues en la paz, los hijos llevan a sus padres a la tumba, y en la guerra son los padres quienes llevan a sus hijos a la tumba.
Ningún hombre es una isla. Para hacer frente al buen combate, necesitamos ayuda.
No es suficiente que un hombre tenga el deseo de matar para que la muerte se transforme en un valor.
No existe para el hombre más que una verdadera desdicha: incurrir en falta y tener motivo de censura contra sí.
No hay nada que pueda quitar la libertad a un hombre salvo otros hombres. Para ser libre, un hombre debe ser libre de sus hermanos.
No hay ninguna razón para que a un mismo hombre le guste los mismos libros a los 18 que a los 48 años.
Nunca he odiado a un hombre tanto como para devolverle sus diamantes.
Nunca leo novelas ni ensayos, sino biografías. Para mí, es más importante la vida de un hombre que sus sueños de papel.
Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol...
Para conocer al hombre basta estudiarse a sí mismo; para conocer a los hombres se precisa vivir en medio de ellos.
Para el hombre dichoso todos los países son su patria.
Para el hombre que se dice cansado de su hijo no hay flores.
Para el hombre, como para el pájaro, el mundo ofrece muchos sitios donde posarse, pero nidos solamente uno: su hogar.
Para juzgar si un hombre es libre no te pares a mirar sus dignidades, porque, al contrario, más esclavo es cuando más elevado cargo desempeña.
Para que una relación entre un hombre y una mujer sea realmente interesante, es preciso que haya entre ellos goce, memoria o deseo.
Para ser un hombre de estado, primero debes ser elegido.
Para ser un hombre superior en los negocios no se trata de adquirir cualidades, sólo se trata de perder algunas.
Para torturar a un hombre tienes que conocer sus placeres.
Para triunfar en la lucha por la vida, el hombre ha de tener o una gran inteligencia o un corazón de piedra.
Para una mujer, el primer beso es el final del principio; para un hombre, el comienzo del final.