Demasiado juego para ser una ciencia y demasiada ciencia para ser un juego.
Desconfiad de la mujer que habla de su virtud y del hombre que habla de su honestidad.
Descuidar al hombre, especular sobre la naturaleza, es comprender mal los hechos del Universo.
Después de la propia sangre, lo mejor que el hombre puede dar de si mismo es una lágrima.