Nada está construido en la piedra. Todo está construido en la arena. Pero debemos construirlo como si la arena fuese piedra.
Nadie es patria, todos lo somos.
Nadie y todos somos la patria.
Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña, ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios serán favor tan misterioso como mirar tu sueño implicado en la vigilia de mis brazos.
Ni la utilidad del mentir es sólida,ni el mal de la verdad perjudica mucho tiempo.
Ninguno ha dicho la verdad total, porque no existe. Tenemos solo pensamientos breves, ligeros. De materia que se consume al arder.
No eres ambicioso: te contentas con ser feliz.
No esperes que tu amigo venga a descubrirte su necesidad; ayúdale antes.
No hables al menos que puedas mejorar el silencio.
No hay cosa por fácil que sea, que no la haga difícil la mala gana.
No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras.
No hay que pedir peras al olmo, sino estrellas y medallas, cúpulas y lámparas, peces y columnas, guantes y puñales, máscaras y hojas de afeitar.
No hay riqueza tan segura como un amigo seguro.
No hay soledad más alta, más cruel y más cercana que la de dos cuerpos que se aman, sus hiedras confundiendo, su saliva y sus sueños, su aliento anonadado, sus huesos y su muerte.
No he cultivado mi fama, que será efímera.
No le evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas.
No me he planteado grabar en inglés porque quiero traspasar las fronteras con nuestro idioma y defenderlo, porque además es el más bonito.
No podemos tener un pensamiento tan simplista y constreñido como para negar todo lo que nos parezca imposible.
No podría definirme como ateo, porque declararme ateo correspone a una certidumbre que no poseo.
No puede existir bondad alguna donde no haya conocimiento de ella.
No sé hasta qué punto un escritor puede ser revolucionario. Por lo pronto, está trabajando con el idioma, que es una tradición.
No sé si la instrucción puede salvarnos, pero no sé de nada mejor.
No; no es por un crimen por lo que nos condenáis a muerte; es por lo que se ha dicho en todos los tonos, es por la anarquía; y puesto que es por nuestros principios por lo que nos condenáis, yo grito sin temor: ¡soy anarquista!.
Nunca faltarán ondas en la mar, ni ira y tristeza en el corazón del avariento.
Nunca nos sentiremos bien por haber practicado el mal. Nunca el rencor y la venganza proporcionan contento.