Tengamos tan sólo paciencia, vendrá, tiene que venir, el tiempo sagrado de la paz perpetua, en que la nueva Jerusalén será la capital del mundo; y hasta entonces sean alegres y animosos en los peligros del tiempo, compañeros de mi fe, anuncien con la palabra y las obras el Evangelio divino y permanezcan fieles a la fe verdadera e infinita hasta la muerte.
Todo poder humano se forma de paciencia y de tiempo.
Un puñado de paciencia vale más que un balde de sesos.
Una hora de paciencia vale más que un día de ayuno.
¿Cuál será la diferencia entre tener paciencia para nada y perder el tiempo?.