Por el amor de una rosa, el jardinero es servidor de mil espinas.
Por la ignorancia nos equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos.
Por muy pequeña que sea, la mujer siempre le gana al diablo en astucia.
Por numerosos que puedan ser los meandros del río, acabará por ir a parar al mar.
Que cada zorro cuide su propia cola.
Que la esperanza no te lleve jamás a despreciar lo que tienes.
Que tengas calor en tu iglú, petróleo en tu lámpara y paz en tu corazón.
Que tu beso tenga el ardor del sol, y la rosa te dará todo su perfume.
Quien conversa con un rostro amable, llena de alegrías los corazones de los demás.
Quién dice la verdad nunca se equivoca.
Quién escucha la voz del anciano es como un árbol fuerte; quién tapa los oidos es como una rama al viento.
Quien hace preguntas no es tonto.
Quien lleva toda su vida a su mujer sobre la espalda, cuando la deja en el suelo, ella dice: ¡Estoy fatigada!.
Quien monta un tigre corre el riesgo de no poderse bajar nunca.
Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación.
Quien no ha probado lo amargo no sabe lo que es dulce.
Quien no sabe bailar dice que los tambores no valen para nada.
Quien se empeña en pegarle una pedrada a la luna no lo conseguirá, pero terminará sabiendo manejar la honda.
Quien tiene miedo tiene desgracia.
Quien vive sin disciplina, muere sin honor.
Recorre a menudo la senda que lleva al huerto de tu amigo, no sea que la maleza te impida ver el camino.
Recuerda, si hay tormenta habrá arco iris.
Repara tu trineo en el verano, y tu carreta en el invierno.
Reza, pero no dejes de remar hacia la orilla.
Saber callar es una prueba de sabiduría que buscan pocos hombres.