Prefiero un vicio tolerante a una virtud obstinada.
A la mayoría de las personas prefiero darles la razón rápidamente antes que escucharlas.
Aunque apenas pueda resistir mis males, prefiero padecerlos a merecerlos.
Cada uno muere de su vicio.
Ceder a un vicio cuesta más que mantener una familia.
Contra el vicio de pedir hay la virtud de no dar.
Cuando tengo que elegir entre dos males, siempre prefiero aquel que no he probado.
Cuidado con la tristeza. Es un vicio.
El ateísmo es el vicio de unas pocas personas inteligentes.
El camino del vicio no solamente se desliza, sino que se precipita hacia abajo.
El conocimiento del vicio es principio de virtud.
El ignorante es poco tolerante.
El ocio es un vicio que arrastra consigo a muchos otros vicios.
El oficio quita el vicio.
El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía.
El principio de todo vicio es la soberbia.
El toreo es un arte misterioso, mitad vicio y mitad ballet. Es un mundo abigarrado, caricaturesco, vivísimo y entrañable el que vivimos los que, un día soñamos con ser toreros.
El vicio rara vez se insinuó oponiéndose a la honradez; casi siempre toma el disfraz de ésta.
En algunos la castidad es una virtud, en muchos es casi un vicio.
En ninguno puede haber vicio, sino en el que puede haber virtud.
En realidad, prefiero la ciencia a la religión. Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire.
Escribo para mí. Para mi placer. Para mi vicio. Para mi propia condenación.
Instruida, la virtud calcula tan bien como el vicio.
La ambición es un vicio, pero puede ser madre de la virtud.