La peor decisión es la indecisión.
La pereza viaja tan despacio que la pobreza no tarda en alcanzarla.
Las leyes demasiado benignas rara vez son obedecidas; las demasiado severas, rara vez ejecutadas.
Las puertas de la sabiduría nunca están cerradas.
Las tres cosas más difíciles de esta vida son: guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo.
Lo mejor que puedes dar a tu enemigo es el perdón; a un oponente, tolerancia; a un amigo, tu corazón; a un niño, buen ejemplo; a un padre, respeto; a tu madre, sentirse orgullosa; a ti mismo, quererte; a todo hombre, caridad.
Lo que empieza en cólera acaba en vergüenza.
Los aplausos esperan un éxito.
Los hombres son criaturas muy raras: la mitad censura lo que practica; la otra mitad practica lo que censura; el resto siempre dice y hace lo que debe.
Nada existe más dulce que la miel. Excepto el dinero.
Ninguna nación fue arruinada jamás por el comercio.
No cambies la salud por la riqueza, ni la libertad por el poder.
No hay mejor predicador que la hormiga, que no dice nada.
No hay nada tan cierto en el mundo como la muerte y los impuestos.
No malgastes tu tiempo, pues de esa materia está formada la vida.
Nuestras necesidades nunca se igualan a nuestros deseos.
Nunca ha habido una buena guerra ni una mala paz.
O caminamos todos juntos hacia la paz, o nunca la encontraremos.
Por un clavo se perdió una herradura, por ésta un caballo, y por éste el jinete, que fue capturado y muerto por el enemigo.
Presta dinero a tu enemigo y lo ganarás a él; préstalo a tu amigo y lo perderás.
Quien quiera ver prosperar sus negocios, consulte a su mujer.
Quien tiene paciencia, obtendrá lo que desea.
Quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad.
Si el hombre alcanzara la mitad de los deseos que tiene, redoblaría sus inquietudes.
Si el tiempo es lo más caro, la pérdida de tiempo es el mayor de los derroches.