No esperes al día en que pares de sufrir, porque cuando llegues sabrás que estás muerto.
No estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale, porque es un buen siervo y un mal amo.
No hace falta defender siempre la misma opinión porque nadie puede impedir volverse más sabio.
No me siento viejo porque tenga tantos años tras de mí, sino por los pocos que tengo por delante.
No podría definirme como ateo, porque declararme ateo correspone a una certidumbre que no poseo.