Nadie puede adoptar la política como profesión y seguir siendo honrado.
Ni la política ha de ser arte de escarceos, retazos y tráficos, ni es digno de confianza de su país el que mira más a parecer bien a sus adversarios -por sus seguridad y gloria de hombre hábil-que a intentar y realizar todas las mejoras que crea beneficiosas a su pueblo.
No entiendo para que sirve la política, todos vivimos bien sin ella. ¿No es así?.
No es la política la que crea extraños compañeros de cama, sino el matrimonio.
No se puede progresar hacia la felicidad por medio de la acción política.
Oh, esos pobres pícaros que están en las grandes ciudades de la política mundial, hombres jóvenes, dotados, torturados por la ambición, que consideran su deber decir su palabra acerca de todos los sucesos -¡Y siempre sucede algo!.
Para dirigir bien la política es necesario hacerlo sin pasión. Recelad del odio; escuchadlo todo y no os pronunciéis jamás sin haber dado a la razón tiempo para volver.
Para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad.
Política es eso: el arte de ir levantando hasta la justicia la humanidad injusta; de conciliar la fiera egoísta con el ángel generoso; de favorecer y de armonizar para el bien general, y con miras a la virtud, los intereses.
Primera muestra de una auténtica vocación política lo es, en todo tiempo, que un hombre renuncie desde el principio a exigir aquello que es inalcanzable para él.
Se abren campañas por la libertad política; debieran abrirse con mayor vigor por la libertad espiritual; por la acomodación del hombre a la tierra en que ha de vivir.
Sería una gran reforma en la política el que se pudiera extender la cordura con tanta facilidad y tanta rapidez como la locura.
Si la política no es una religión, no es nada.
Si nos salimos de los hechos, en política, nos perdemos sin retorno.
Si yo me hubiera dedicado a la política. ¡oh atenienses!, hubiera perecido hace mucho tiempo y no hubiese hecho ningún bien ni a vosotros ni a mí mismo.
Toda forma de desprecio, si interviene en política, prepara o instaura al fascismo.
Toda gran revolución política es una gran revolución moral. Toda gran revolución moral supone una gran revolución política.
Toda obra, cualquiera que sea, literaria, política, científica, debe estar respaldada por una conducta.
Una critica politica abierta a todas las corrientes ideolgicas, sin censuras ni conveniencias, puede ser un factor de garantia de reformas progresistas, de evolucion conveniente, sin choques tempestuosos ni irresponsables vehemencias. Alcanzar esa funcion es la mas noble aspiracion del periodismo politico.
Urge ya, en estos tiempos de política de mostrador, dejar de avergonzarse de ser honrado. (. . . ) la política virtuosa es la única útil y durable.
¿De qué sirve la libertad política para los que no tienen pan? Sólo tiene valor para los teorizantes y los políticos ambiciosos.