El poder nunca es estable cuando es ilimitado.
El poder pudre la sangre y oscurece el pensamiento.
El poder sin límites, es un frenesí que arruina su propia autoridad.
El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente.
El poder y el despotismo duran poco.
El poder: la más completa de las servidumbres.
El político debe hablar y obrar muchas veces sin haber pensado ni leído.
El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué fue que no ocurrió lo que el predijo.
El problema es que el entorno político moderno ha comenzado a actuar con la irresponsabilidad propia del arte, reduciendo la vida a un concierto absolutamente ficticio; ha transformado la sociedad en un teatro y al pueblo en una masa de espectadores...
El que no se atreve a ser inteligente, se hace político.
El que ostenta el poder es siempre impopular.
El que renuncia a un derecho solamente se quita de en medio para poder gozar del mismo sin impedimento de su parte.
El secreto de la sabiduría, el poder y el conocimiento es la humildad.
En el pasado, aquellos que locamente buscaron el poder cabalgando a lomo de un tigre acabaron dentro de él.
En lo que toca específicamente al amor, eso significa: el amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor.
En plegar y moldear está el arte político. Sólo en las ideas esenciales de dignidad y libertad se debe ser espinudo, como un erizo, y recto, como un pino.
En realidad las cosas verdaderamente difíciles son todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento.
En toda clase de bienes poseer es poca cosa; lo que hace feliz es poder gozar lo que posee.
Es locura manifiesta vivir precariamente para poder morir rico.
Es preciso que los hombres conozcan el mal para poder evitarlo y entregarse a la práctica del bien.
Es propio del filósofo poder especular sobre todas las cosas.
Es un extraño propósito perseguir el poder y perder la libertad.
Es una especie de enfermedad natural de los poderosos no poder fiarse de los amigos.
Hasta el romano indigente se sentía orgulloso de poder decir "civis romanus sum"; Roma y el Imperio eran su familia, su hogar, su mundo.
Hay gente en ocasiones que deseas que fuera un libro, para así poder cerrarla con un sonoro y seco golpe de la mano, sin marcar la página, y devolverla luego para siempre al lugar en que por derecho corresponde: los mustios anaqueles de una rancia biblioteca.