La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos.
No es muda la muerte. Escucho el canto de los enlutados sellar las hendiduras del silencio. Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris.
No quiero ir nada más que hasta el fondo.
Recibe este rostro mío, mudo, mendigo. Recibe este amor que te pido. Recibe lo que hay en mí que eres tú.
Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En ese sentido, el quehacer poético implicaría exorcisar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.
Tú eliges el lugar de la herida en donde hablamos nuestro silencio. Tú haces de mi vida esta ceremonia demasiado pura.
Una mirada desde la alcantarilla puede ser una visión del mundo.
Y yo sola con mis voces, y tú tanto estás del otro lado que te confundo conmigo.
Yo no se de pájaros, no conozco la historia del fuego. Pero creo que mi soledad debería tener alas.