Preferiría perder a mi mejor amigo antes que a mi peor enemigo. Ya sabe usted que para tener amigos sólo se necesita ser bondadoso; pero cuando a un hombre no le queda un enemigo es que debe de haber en él algo mezquino.
Quédate ahí en medio de las prisas, envuélveme en caricias, los besos que te di y déjame perder el equilibrio jugando a darte el mundo y a hacerte sonreír.
Quien lucha, puede perder; quien no lucha, ya perdió.
Quien pierde su fe no puede perder más.
Quien siempre da corre peligro de perder la vergüenza.
Quienes no tienen nada que perder jamás piensan en la vida eterna.
Si algo he aprendido en la vida es a no perder el tiempo intentando cambiar el modo de ser del prójimo.
Si desea perder su fe, haga amistad con un sacerdote.
Si estás perdiendo el alma y lo sabés, entonces tenés otra alma para perder.
Si un amigo te pide dinero, reflexiona bien cual de los dos quieres perder, sí el amigo o el dinero.
Si vives temeroso de perder algo, no te preocupes que ya lo perdiste.
Sin fe se puede perder un juego cuando ya casi está ganado.
Sola es loable la ambición por no perder el tiempo.
Soportaría gustosa una docena más de desencantos amorosos, si ello me ayudara a perder un par de kilos.
Soportaría gustosa una docena más de desencantos amorosos, si ellos me ayudaran a perder un par de kilos.
Tal vez suceda que una vez cada siglo la alabanza eche a perder a un hombre o lo haga insufrible. Pero es seguro que una vez cada minuto algo digno y generoso muere por falta de elogio.
¿Cuál será la diferencia entre tener paciencia para nada y perder el tiempo?.