Nada que un hombre haga lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien.
Nada revela tan a las claras el carácter de los hombres como aquello que encuentran ridículo.
Nadie acepta ser viejo porque nadie sabe serlo, como un árbol o como una piedra preciosa.
Nadie es como otro. Ni mejor ni peor. Es otro. Y si dos están de acuerdo es por un malentendido.