El tiempo es el ángel del hombre.
El tiempo ha llegado a ser para mí el bien supremo. Cuando veo a los hombres pasearse, vagar o malgastar el tiempo en discusiones vanas, me dan deseos de ir a una esquina a tender la mano como un mendigo: Dadme una limosna, buenas personas; dadme un poco del tiempo que perdéis, una hora, dos horas, lo que queráis.
El tiempo siempre está maduro, la pregunta es para qué.
El tipo más noble de hombre tiene una mente amplia y sin prejuicios. El hombre inferior es prejuiciado y carece de una mente amplia.
El trabajo es la fortuna del hombre.
El trabajo es un título natural para la propiedad del fruto del mismo, y la legislación que no respete ese principio es intrínsecamente injusta.
El trabajo más productivo es el que sale de las manos de un hombre contento.
El trabajo que un hombre desconocido ha hecho es como un arroyo de agua que corre oculto en el subsuelo secretamente haciendo verde la tierra.
El trabajo sin prisa es el mayor descanso para el organismo.
El traje denota muchas veces al hombre.
El único hombre que es realmente libre es aquel que puede rechazar una invitación a comer sin dar una excusa.
El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada.
El único límite para nuestra comprensión del mañana serán nuestras dudas del presente.
El universo no fue hecho a medida del hombre; tampoco le es hostil: es indiferente.
El valor de una idea no tiene nada que ver con la sinceridad del hombre que la expresa.
El valor económico del trabajo de un hombre está determinado, en un mercado libre, por un solo factor: El consentimiento voluntario de aquellos con la voluntad de comerciar con él a cambio de sus productos o de su trabajo.
El verdader amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea quien es.
El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber.
El verdadero precio de todo, lo que todo realmente le cuesta al hombre que quiere adquirirlo, es el esfuerzo y la complicación de adquirirlo.
El viaje más largo es el que se hace hacia el interior de uno mismo.
El vino se parece al hombre: nunca se sabe hasta qué punto se le puede apreciar o despreciar, amar u odiar; ni cuantos actos sublimes o crímenes monstruosos es capaz de realizar. No seamos, entonces, más crueles con él que con nosotros mismos y tratémosle como a un igual.
El vudú es una religión muy interesante para toda la familia, incluso para los miembros que están muertos.
El zapato que va bien a una persona es estrecho para otra: no hay receta de la vida que vaya bien para todos.
Empieza transformando todo lo que haces en algo bello para dios.
En algún lugar del alma se extienden los desiertos de la pérdida, del dolor fermentado; oscuros páramos agazapados tras los parajes de los días.