El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligdo a inaventar la risa.
El hombre superior es impasible por naturaleza: le da igual que le elogien o censuren.
El hombre todo lo perfecciona en torno suyo; lo que no hace es perfeccionarse a sí mismo.
El hombre va como los peones: de casilla en casilla sin poder atrapar a la dama.