El escritor es un hombre sorprendido. El amor es motivo de sorpresa y el humor, un pararrayos vital.
El escritor escribe su libro para explicarse a sí mismo lo que no se puede explicar.
El gesto de amargura del hombre es, con frecuencia, sólo el petrificado azoramiento de un niño.
El gran clásico es un hombre del que se puede hacer el elogio sin haberlo leído.
El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única en realidad.
El hombre bajo todo gobierno sera el mismo, con las mismas pasiones y debilidades.