Nada que un hombre haga lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien.
Nadie a la libertad tiene derecho, cuando no hace hábito y gala de respetar la libertad ajena.
Nadie ha aprendido el sentido de la vida hasta que ha sometido a su ego para servir a sus hermanos.
Nadie imagina cuánto ingenio se requiere para no parecer nunca ridículo.
Nadie puede ser esclavo de su identidad: cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar.