Es muy fácil perdonar a nuestros enemigos cuando no tenemos los medios de aniquilarlos.
Es necesario tener tanta discreción para dar consejos como docilidad para recibirlos.
Es preciso que los hombres conozcan el mal para poder evitarlo y entregarse a la práctica del bien.
Es sólo cuando das un paso fuera de tu zona de confort que comienzas a crecer, madurar y prosperar.