Ya no mujer joven sino mujer rotunda. Mis deseos ya no intuiciones sino certezas.
Ya se unió la Historia al paso triunfal de los guerreros y yo invento palabras con que cantar, nuevas formas de amar, vuelvo a ser, soy otra vez, por fin otra vez, soy.
Yo creo en las familias numerosas: toda mujer debería tener al menos tres maridos.
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.
¡Ah, qué caliente la piel de una mujer, la piel que esconde!.
¡Brotes en el otoño! tan fresco como la cara de una mujer enamorada.
¡cómo lucha mi amor por asirte!, más si es duro tener que alejarte, mis palabras no deben herirte si mis besos no pueden curarte!.
¡Flores de luna!, cuando la piel de una mujer se revela.
¡fragilidad, tienes nombre de mujer!.
¡La mujer y el niño necesitan más cariño, que leche!.
¡Los suspiros son aire y van al aire! /¡Las lágrimas son agua y van al mar! /Dime, mujer, cuando el amor se olvida /¿sabes tú adónde va?
¡sepanlo todos! cada hombre mata lo que ama: unos, con mirada cruel; otros, con palabras amorosas; el cobarde, con un beso, y el valiente, con la espada.
¡Si yo pudiera con palabras decirte este poema que hay en mí!.
¡Tú más aún: tú como tú, sin palabras toda singular, desnudez única, tú, sola!.
¿Beso? Un truco encantadro para dejar de hablar cuando las palabras se tornan superfluas.
¿De dónde surgen las pasiones repentinas de un varón por una mujer, las pasiones hondas, entrañables? de lo que menos, de la sola sensualidad; pero cuando el varón halla juntos en una sóla criatura el desamparo, la debilidad y, a la vez, la altanería, en su interior es como si su alma quisiera desbordarse: queda conmovido y ofendido en un mismo instante. En ese punto brota la fuente del gran amor.
¿Mujer, qué máquina eres, que solo me tienes desesperado, confuso, niño para contenerte?.
¿Que por qué estaba yo con esa mujer? Porque me recuerda a ti. De hecho, me recuerda a ti mas que tu.
¿quién puede bajar los ojos como una mujer? ¿y quien sabe alzarlos como ella?.