Si hay debajo de la luna cosa que merezca ser estimada y preciada es la mujer buena.
Siempre es incompresible para un hombre ver como una mujer rechaza una oferta de matrimonio.
Siempre, amor... (¡Y estas dos palabras naúfragas, entre alma y piel clavadas contra el viento!).
Sin palabras, vengadores, negamos solitarios la facultad de despertarnos mutuamente voluptuosidad.
Tan imposible es avivar la lumbre con nieve, como apagar el fuego del amor con palabras.