La verdadera religión no consiste solamente en palabras; hace falta demostrarla con obras.
Las honestas palabras nos dan un claro indicio de la honestidad del que las pronuncia o las escribe.
Las mejores cartas de amor de una mujer son siempre las escritas al hombre que está traicionando.
Las palabras de aliento después de la censura son como el sol tras el aguacero.