El mundo llama inmorales a los libros que le explican su propia vergüenza.
El objetivo del mentiroso es sencillamente encantar, deleitar, proporcionar placer. Él es la mismísima base de la sociedad civilizada.
El optimismo empieza con una mueca explícita y el pesimismo termina con gafas de sol. Además, los dos son simples poses.
El paraíso es una tiranía; allí me sentiré como en casa.
El patriotismo es la virtud de los depravados.
El pecador debe arrepentirse. Pero ¿por qué? Sencillamente porque de otro modo sería incapaz de darse cuenta de lo que ha hecho. El momento del arrepentimiento es el momento de la iniciación.
El progreso es la realización de las utopías.
El sufrimiento es el medio por el cual existimos, porque es el único gracias al cual tenemos conciencia de existir.
El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer.
El único deber es el deber de divertirse terriblemente.
El único deber que tenemos con la historia es rescribirla.
El único encanto del pasado consiste en que es el pasado.
El valor de una idea no tiene nada que ver con la sinceridad del hombre que la expresa.
El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible.
En asuntos de vital importancia, el estilo, y no la sinceridad, es lo verdaderamente vital.
En asuntos de vital importancia, lo vital es el estilo, no la sinceridad.
En cuanto a los pobres virtuosos, uno puede compadecerlos, por supuesto, pero es imposible admirarlos.
En cuestión de religión, la verdad es simplemente la opinión que ha sobrevivido.
En el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza.
En el mundo común de los hechos, los malos no son castigados y los buenos recompensados. El éxito se lo llevan los fuertes y el fracaso los débiles.
En esta vida la primera obligación es ser totalmente artificial. La segunda todavía nadie la ha encontrado.
En estos tiempos los jóvenes piensan que el dinero lo es todo, algo que comprueban cuando se hacen mayores.
En Francia todo burgués quiere ser artista, mientras que en Inglaterra todo artista quiere ser burgués. En eso consiste la gran superioridad de Francia sobre Inglaterra.
En Inglaterra, un hombre que no puede hablar de moral dos veces por semana a un gran auditorio popular e inmoral no tiene nada que hacer como político serio.
En los asuntos triviales, el estilo y no la sinceridad es lo esencial. En los importantes, también el estilo es lo esencial.