Si juzgamos el amor por la mayor parte de sus efectos, se parece más al odio que a la amistad.
Si por las mañanas se cierran las campanillas en flor, ¡Es por el odio de los hombres!.
Si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol.
Yo conozco al pueblo: cambia en un día. Derrocha pródigamente lo mismo su odio que su amor.
¿Quién sabe si quizá todo el amor mío no fue más que un engaño de los sentidos, de la fantasía?.