El cobarde es león en su casa y liebre en la plaza.
El destino de muchos hombres depende de que haya habido una biblioteca en su casa paterna.
El día que no me afeité, vino a mi casa quien no pensé.
El dueño de la casa sabe donde gotea su tejado.
El éxito es como un terrible desastre peor que tu casa ardiendo, los ruidos del derribo cuando las vigas caen cada vez más deprisa mientras tú sigues allí, testigo desesperado de tu condenación.
El hambre espía en la casa de los pobres, pero si la habitan personas trabajadoras, no se atreve a entrar.
El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompasarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.
El pan y la casa, los chicos que crecen jugando en las plazas a pesar de todo, la vida ¡que hermosa!, siempre y sobre todo de todas las cosas.
El paraíso es una tiranía; allí me sentiré como en casa.
El pediría en caso de divorcio la mitad de todo dijo él. Medio sofá, medio televisor, media casa de campo, medio kilo de mantequilla, medio hijo.
El que a mi casa no va, de la suya me echa.
El que con muchos se casa, a todos enfada.
El que es buen juez, por su casa empieza.
El que se casa por todo pasa.
En cada casa cuecen habas, y en la nuestra a calderas.
En cada casa, un solo amo.
En cada tierra su uso, y en cada casa su costumbre.
En casa chica y en largo camino se conoce al buen amigo.
En casa de herrero, cuchillo de palo.
En casa del ahorcado, no mientes la soga.
En casa del bueno, el ruin tras el fuego.
En casa del cantero florecen los crisantemos entre las piedras.
En casa del músico, todos saben cantar.
En casa limpia los ángeles bailan de gusto.
En donde vivo desde que no estás ya no le llamo casa