No puedes hacer un acto amable demasiado pronto, porque nunca sabes cuándo será demasiado tarde.
No se porque no iba a haber una máquina que escribiese cartas de amor. ¿Acaso no son todas iguales?
Nuestra mayor gloria no está en no haber caído nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos.
Nuestro amor es como la llovizna que cae quedamente (silenciosmente), pero desborda el río.