La felicidad, como el arco iris, no se ve nunca sobre la casa propia, sino sólo sobre la ajena.
La intención de no engañar nunca nos expone a ser engañados muchas veces.
La lluvia obstinada y fría de aquella tarde brumosa, ¡Desbarató muchos nidos y deshojó muchas rosas!
La mano del piadoso nos quita siempre honor; mas nunca ofende al darnos su mano el lidiador.
La mejor defensa contra la mala literatura es una experiencia plena de la buena.
La mejor receta para la novela policiaca: el detective no debe saber nunca más que el lector.