Un discípulo de quien jamás se pide nada que no pueda hacer, nunca hace todo lo que puede.
Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca.
Un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Un peligroso cruzar, un peligroso mirar hacia atrás, un peligroso estremecerse y detener el paso.