No andes, Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desmalazado.
No es el filósofo el que sabe donde esta el tesoro sino el que trabaja y lo saca.
No hay disfraz que pueda largo tiempo ocultar el amor donde lo hay, ni fingirlo donde no lo hay.
No hay nada que delate mejor la verdadera índole de las personas que su actitud hacia el dinero.