Mejor ser un cohete caído que no haber resplandecido nunca.
Menos se siente perder lo que nunca pudo alegrar.
Mi amor sabe aguardar. No es impaciente: su deseo es arroyo, y no torrente que hacia ti, con certeza, sigue andando.
Mi cazador de libélulas, ¿hasta donde se me habría extraviado hoy?.
Mi gato nunca se ríe o se lamenta, siempre está razonando.
Mi libertad se termina donde empieza la de los demás.
Mi sable nunca saldrá de la vaina por opiniones políticas.
Mil ojos mirando hacia mi, de los tuyos no puedo huir. Tu mirada me tiene encantada. Si te dejo entrar, estaré equivocada.
Mira hacia atrás y ríete de los peligros pasados.
Miraba hacia abajo, a Marilyn, ese espectáculo de cuerpo mamífero y esplendoroso vestido "transparente". ¿Habría tenido tiempo Marilyn de preguntarse si el Presidente iba a viajar a Los Angeles para ayudarla a celebrar su cumpleaños el primero de junio? Una celebración seguramente íntima; no, era improbable que hubiese tenido tiempo de preguntárselo, porque estaba atontada ante el micrófono, y con una sonrisa ausente, lamiéndose los labios pintados de rojo como en un intento desesperado de recordar dónde estaba y qué era aquello, con los ojos vidriosos, tambaleándose sobre sus tacos de aguja.
Mis antecesores, en seis años, no nombraron nunca a un obrero en nada, y ahora quieren hacer creer a los trabajadores que las empresas deben ser de su propiedad. Les dicen que ellos deben ser dueños del cobre, del carbón, del salitre. ¡cómo andaría el país!.
Mis libros siempre están a mi disposición, nunca están ocupados.
Mis palabras suben volando, mis pensamientos se quedan aquí abajo; palabras sin pensamientos nunca llegan al cielo.
Muchas palabras nunca indican sabiduría.
Muchos van hacia la verdad por los caminos de la poesía. Yo llego a la poesía, por los caminos de la verdad.
Nada diré que sea mentira; iré sobre la claridad, como una espiga al viento, hacia la eternidad.
Nadie es más solitario que aquél que nunca ha recibido una carta.
Nadie fue ayer ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy.
Nadie imagina cuánto ingenio se requiere para no parecer nunca ridículo.
Ni tú ni yo ni nadie dejará nunca de ser por siempre.
Ningún camino de flores conduce a la gloria.
Ningún hombre aceptará un consejo, pero todos aceptarán dinero. De donde se deduce que el dinero vale más que el consejo.
Ningún hombre es tan tonto para desear la guerra y no la paz; pues en la paz, los hijos llevan a sus padres a la tumba, y en la guerra son los padres quienes llevan a sus hijos a la tumba.
Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo; pero todos aspiran a llegar a serlo, oscuramente unos, más claramente otros, cada uno como puede.
Ningún hombre sabio quiso nunca ser joven.