Lo que forma nuestra suerte no es lo que experimentemos, sino nuestra manera de sentirlo.
Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido.
Los celos son el mayor de los males, y el que menos mueve a compasión a la persona que los causa.
Los deseos de nuestra vida forman una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas.
Los progresos de la medicina son gigantescos. Ya no estamos seguros de nuestra propia muerte.
Más veces descubrimos nuestra sabiduría con nuestros disparates que con nuestra ilustración.
Ni con lisonja, ni con la mentira, ni con el alboroto se ayuda verdaderamente a una obra justa.