Somos libres, somos civilizados, lo que vale de poco, si impedimos a cualquier fragmento de la raza humana de participar en igual medida de la libertad y la civilización.
Somos lo que hacemos, no lo que pensamos ni lo que sentimos.
Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos construimos el mundo.
Somos lo que pretendemos ser, así que elige bien lo que pretendes ser.
Somos los creadores de mùsica y los soñadores de sueños.
Somos más sinceros cuando estamos iracundos que cuando estamos tranquilos.
Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.
Somos responsables de lo que somos, y no importa lo queremos ser, tenemos el poder de hacernos a nosotros mismos.
Somos simples sombras que nacen y mueren porque si.
Somos temerosos de lo que nos hace diferentes.
Somos todos tan limitados, que creemos siempre tener razón.
Somos un país donde todos los que vinieron aquí rompieron raíces antiguas al dejar su país natal. Eso crea una ansiedad a largo plazo. Así que en los Estados Unidos la renuncia a provocar un disturbio siempre está ahí sentada, en oposición al otro gran deseo estadounidense, que es expresarse a uno mismo, ser libre y tener libertad de palabra.
Somos un pueblo que no quiere conservar mucho del pasado en la cabeza. Se considera malsano en Norteamérica recordar errores, neurótico pensar en ellos, psicótico analizarlos seriamente.
Somos una imposibilidad en un universo imposible.
Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.
Son siempre más sinceras las cosas que decimos cuando el ánimo se siente airado que cuando está tranquilo.
Soñaba con ser vieja para tener tiempo para muchas cosas. No quería ser joven, porque perdía el tiempo en amar solamente. Ahora pierdo más tiempo que nunca en amar, porque todo lo que hago lo hago doblemente.
Soy como ustedes un juguete en la enorme mano.
Soy lo suficientemente feo y lo suficientemente bajo como para triunfar por mí mismo.
Su falda semejante a viento azul que llega como una promesa concedida.
Su franco era el mío. Su voz era como abrazarla.
Su poesía es seca, así como una momia, por eso ha resistido tantos siglos.
Suaves como palomas, los pensamientos vuelen de vuelta a casa.
Sube la línea de mi vida con trazo igual a tus volcanes y luego baja como línea de corazón hasta mis dedos.
Sueña como si fueses a vivir para siempre vive como si fueses a morir hoy.