Noche de escarcha. ¿Cómo dormir si el mar no duerme?.
Nos guste o no, somos seres con ego: tenemos una identidad que proteger y no queremos perder nuestra cordura.
Nosotros "necesitamos" aprender que el dador de todas las cosas reside dentro nuestro. Esta es una verdad que frente a toda evidencia, en las cosas mas grandes y mas pequeñas, nunca se sabe, aunque sea frecuentemente tan necesario, hasta vital, para nosotros saberlo.
Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma.
Nosotros somos comunistas y se nos hace fácil el proyecto de repartir los bienes materiales, porque no tenemos nada.
Nuestra entera vida es como una comedia.
Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos.
Nuestra vida es como un sueño. Pero en las mejores horas nos despertamos lo suficiente como para darnos cuenta de que estamos soñando. La mayor parte del tiempo, sin embargo, estamos profundamente dormidos.
Nuestra vida es nuestro pensamiento. Cuando Un hombre cambia sus pensamientos hacia las cosas y las personas, las personas y las cosas cambian.
Nuestras acciones hablan sobre nosotros tanto como nosotros sobre ellas.
Nuestras buenas y nuestras malas acciones nos siguen casi como una sombra.
Nuestras creencias sobre lo que somos y lo que podemos ser determinan con precisión lo que podemos ser.
Nuestro amor es como la llovizna que cae quedamente (silenciosmente), pero desborda el río.
Nuestro ideal no llega a las estrellas, es sereno, sencillo; quisiéramos hacer miel como abejas, o tener dulce voz o fuerte grito, o fácil caminar sobre las hierbas o senos donde mamen nuestros hijos.
Nuestro mayor agotamiento proviene de las cosas sin hacer.
Nuestro sistema es la medida del absurdo, ya que tratamos al delincuente a la vez como un chico, de modo de tener derecho a castigarlo, y como un adulto, para poder negarle consuelo.
Nuestros defectos son como nuestros olores corporales: no los percibimos y no molestan, salvo a quienes están con nosotros.
Nunca consideres el estudio como un deber, sino como una oportunidad para penetrar en el maravilloso mundo del saber.
Nunca detengas tu mirada hacia cada sueño, enfócate en la justicia de los oprimidos y conocerás como combate un buen Guerrero de la mano de Dios.
Nunca el hombre es tan ridículo por las cualidades que tiene, como por aquellas que cree tener.
Nunca existe error tan grande como el de no proseguir.
Nunca he odiado a un hombre tanto como para devolverle sus diamantes.
Nunca he podido concebir cómo un ser racional podría perseguir la felicidad ejerciendo el poder sobre otros.
Nunca he sentido que algo realmente importase, pero sí la satisfacción de saber que las cosas que apoyaste y en las que creías las habías conseguido de la mejor forma que habías podido.
Nunca la persona llega a tal grado de perfección como cuando rellena un impreso de solicitud de trabajo.