No se puede decir nada tan absurdo como para que no haya sido dicho por algún filósofo.
No sé yo que haya en el mundo palabras tan eficaces ni oradores tan elocuentes como las lágrimas.
No somos más ignorantes que ingenuos. Sabemos siempre lo que creemos que nos conviene saber.
No te nombro; pero estás en mí como la música en la garganta del ruiseñor aunque no esté cantando.