La vida es corta, y por desgracia gastamos mucho tiempo pensando cómo se puede disfrutar.
La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla.
Las almas más grandes son tan capaces de los mayores vicios como de las mayores virtudes.
Las buenas cosas ocurren todos los días. Solo nos tenemos que dar cuenta de ellas.
Las convicciones políticas son como la virginidad: una vez perdidas, no vuelven a recobrarse.