El poeta debe caer como un halcón sobre su presa y dejarla en los huesos.
El pueblo se inquieta al ver llorar, como si un sollozo fuera más grave que una hemorragia.
El que es elegido príncipe con el favor popular debe conservar al pueblo como amigo.
El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos.
El ruido de un beso no es tan retumbante como el de un cañón, pero su eco dura mucho más.