No todas las cosas están bien a todos.
No todos los ojos cerrados duermen, ni todos los ojos abiertos ven.
No todos los que tienen las manos juntas, rezan.
No todos los viejos son sabios, ni todos los sabios son viejos.
No todos repiten los chismes que oyen. Algunos los mejoran.
No; no es por un crimen por lo que nos condenáis a muerte; es por lo que se ha dicho en todos los tonos, es por la anarquía; y puesto que es por nuestros principios por lo que nos condenáis, yo grito sin temor: ¡soy anarquista!.
Nos juzgamos a nosotros mismos por lo que no nos sentimos capaces de hacer, mientras que los demás nos juzgan por lo que hemos hecho.
Nos moriremos todos, pero nuestras obras permanecerán.
Nuestro gran tormento en la vida proviene de que estamos solos y todos nuestros actos y esfuerzos tienden a huir de esa soledad.
Nunca comprenderá usted lo que sentimos los músicos cuando oímos detrás de nosotros el paso de un gigante como beethoven.
Nunca creí que pudiéramos transformar el mundo, pero creo que todos los días se pueden transformar las cosas.
O caminamos todos juntos hacia la paz, o nunca la encontraremos.
Oír a todos, creer a pocos.
Oyendo, viendo y callando, con todos en paz me ando.
Para el hombre dichoso todos los países son su patria.
Para llegar a aborrecer a los conquistadores, habría que saber todos los males que causan; habría que ser testigo de la indiferencia con la que se les sacrifican las más inofensivas criaturas en algún rincón del globo en el que ellos jamás han puesto los pies.
Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores.
Para poder enseñar a todos los hombres a decir la verdad es preciso que aprendan a oirla.
Parece, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas.
Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él.
Perdona a todos tus enemigos, pero no olvides sus nombres.
Perdona a todos y perdónate a ti mismo, no hay liberación más grande que el perdón; no hay nada como vivir sin enemigos. Nada peor para la cabeza, y por lo tanto para el cuerpo, que el miedo, la culpa, el resentimiento y la crítica (agotadora y vana tarea), que te hace juez y cómplice de lo que te disgusta.
Piensa el ladrón que todos son de su condición.
Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran.
Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.