Tan imposible es avivar la lumbre con nieve, como apagar el fuego del amor con palabras.
Tanto el creyente como el no creyente son seres humanos. Debemos tenernos un gran respeto.
Te abrazaré de noche, al anhelado crepúsculo, y mi dulzura será el fruto de tus labios.
Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz.