Para aprender a rezar no hay como viajar por mar.
Para conocer la flor del ciruelo, tanto el propio corazón como la propia nariz.
Para el beso, la nariz y los ojos están tan mal colocados como mal hechos los labios.
Para el hombre, como para el pájaro, el mundo ofrece muchos sitios donde posarse, pero nidos solamente uno: su hogar.
Para encontrar gusto a la vida, no hay como morirse.
Para escribir sólo hay que tener algo que decir.
Para hacer una película hay una sóla regla: sólo hay que hacer aquello que sea de utilidad a la película.
Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mi es la soledad infinita.
Para mí la patria, no será nunca triunfo, sino agonía y deber.
Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada.
Para ser feliz hay que vivir en guerra con las propias pasiones y en paz con las de los demás.
Para ser un hombre superior en los negocios no se trata de adquirir cualidades, sólo se trata de perder algunas.
Para tener éxito con las mujeres debe tratarse a las sirvientas como duquesas y a las duquesas como sirvientas.
Para vivir sólo es preciso ser un animal o un dios -dice Aristóteles. Falta el tercer caso: hay que ser ambas cosas: un filósofo.
Parece como si la naturaleza, que tan sabiamente dispuso los órganos de nuestro cuerpo para hacernos felices, hubiera querido darnos también el orgullo para evitarnos el dolor de conocer nuestras imperfecciones.
Parecer discreto vale tanto como entender una cosa, y es mucho más fácil.
Paz con los hombres y guerra con los vicios.
Pedimos milagros, como si no fuese el milagro más evidente el que los pidamos.
Pedir prestado no es mucho mejor que mendigar, así como el prestar con usura no es gran cosa menos que robar.
Pelearé hasta el último segundo y mi epitafio será: no estoy de acuerdo.
Pensad como hombres de acción, actuad como hombres pensantes.
Pensar es como vivir dos veces.
Pensar es sólo distraerse de la realidad
Pensemos en la grandeza de los antiguos, sobre todo de la escuela socrática, y en cómo ésta pone ante nuestros ojos la fuente y el hilo conductor de toda vida y toda actividad, y estimula no a una especulación vacía, sino a vivir y actuar.
Perdona a todos y perdónate a ti mismo, no hay liberación más grande que el perdón; no hay nada como vivir sin enemigos. Nada peor para la cabeza, y por lo tanto para el cuerpo, que el miedo, la culpa, el resentimiento y la crítica (agotadora y vana tarea), que te hace juez y cómplice de lo que te disgusta.