No se deberían poner caras largas, aunque sólo fuera para no tener más superficie que afeitar.
No se puede decir nada tan absurdo como para que no haya sido dicho por algún filósofo.
No se puede enseñar nada a un hombre; sólo se le puede ayudar a descubrirlo en su interior.
No sé yo que haya en el mundo palabras tan eficaces ni oradores tan elocuentes como las lágrimas.
No soy solo esta colección de actos cotidianos, soy esto que escribo también... por favor quiérame.