Buscad dentro de vosotros y lo encontraréis todo, y alegraos de que allá fuera, o como queráis llamarlo, haya una naturaleza que diga sí y amén a todo cuanto habéis hallado en vosotros.
Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una.
Buscamos la solidaridad no como un fin sino como un medio encaminado a lograr que nuestra América cumpla su misión universal.
Cada cual es como Dios le ha hecho, pero llega a ser como él mismo se hace.
Cada guerra es una destrucción del espíritu humano.
Cada momento es de oro para los que lo saben ver como tal.
Cada palabra es como una innecesaria mancha en el silencio y en la nada.
Cada uno de nosotros está solo y, cuanto antes un hombre lo comprenda, mejor para él.
Cada uno de nosotros posee más virtudes de lo que cree, pero sólo el éxito las pone de relieve, quizá porque entonces se espera que dejemos de manifestarlas.
Cada uno de nosotros tiene a todos como mortales menos a sí mismo.
Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces.
Cada uno es tan infeliz como cree.
Cada uno habla de la feria según como le va en ella.
Cada vez que me despierto mi boca vuelve a tu nombre como el marino a su puerto.
Cada vez que me preparo para un viaje me preparo como para la muerte. Si no volviera nunca, todo está en orden.
Cada virtud sólo necesita un hombre; pero la amistad necesita dos.
Callando es como se aprende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando se aprende a callar.
Cambiar de idioma, para un escritor, es como escribir una carta de amor con un diccionario.
Cambiaré de opinión tantas veces y tan a menudo como adquiera conocimientos nuevos, el día que me aperciba que mi cerebro ha dejado de ser apto para esos cambios, dejaré de trabajar. Compadezco de todo corazón a todos los que después de haber adquirido y expresado una opinión, no pueden abandonarla nunca más.
Casi no quedan manchas blancas en el planeta. Los territorios inexplorados ya sólo quedan bajo la tapa de los sesos.
Casi todas las personas son tan felices como se deciden a serlo.
Casi todo lo que realice será insignificante, pero es muy importante que lo haga.
Cava la tierra y hallarás un tesoro, sólo que debes cavar con la fe de un labriego.
Cierta aristocracia, educada desde la infancia para considerar su nombre como una ventaja interior que nada puede quitarle, sabe que puede evitarse -pues nada le añadirian- los esfuerzos que sin resultado posterior apreciable hacen tantos burgueses por profesar sólo opiniones bien consideradas y frecuentar sólo a personas bienpensantes.
Ciertas creencias que no percibimos no por ello son asimilables a un puro vacío, como no lo es el aire que nos envuelve; componen a nuestro alrededor una atmósfera variable, a veces excelente, a menudo irrespirable, y merecerían ser anotadas con tanto cuidado como la temperatura, la presión barométrica o la estación, pues nuestros días tienen su originalidad física y moral.