El desconocimiento propio genera soberbia; pero el desconocimiento de Dios genera desesperación.
El dios en quien yo creo no nos manda el problema, sino la fuerza para sobrellevarlo.
El hombre es el más misterioso y el más desconcertante de los objetos descubiertos por la ciencia.
El hombre no reza para dar a Dios una orientación, sino para orientarse debidamente a sí mismo.
El humilde conocimiento de ti mismo es un camino más seguro hacia dios que el camino de la ciencia.