Al que todo lo pierde, le queda Dios todavía.
Algunos de los mejores regalos de Dios son las plegarias sin respuesta.
Allí donde Dios erige una iglesia, / el demonio siempre levanta una capilla; / y si vas a ver, encontrarás / que en la segunda hay más fieles.
Ante dios, todos somos iguales.
Aquel que se confía a dios deja de temer a los hombres.
Aquellos que anuncian que luchan en favor de Dios son siempre los hombres menos pacíficos de la Tierra. Como creen percibir mensajes celestiales, tienen sordos los oídos para toda palabra de humanidad.
Ayer pasó Dios por mi puerta y me miró a los ojos (nunca lo había visto de aquel modo inquisitivo). Hizo que repitiera el nombre que llevo entre los labios: era tu nombre, amor.
Bien lo sabe Dios, que en el mundo del amor, no habrá nadie que te quiera más que yo.
Busca la ignorancia y te encontrará, busca la verdad y a Dios conocerás.
Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres.
Cada cual es como Dios le ha hecho, pero llega a ser como él mismo se hace.
Cada día esconde una nueva revelación o un nuevo descubrimiento que puedo obtener.
Cada niño que viene al mundo nos dice: Dios aún espera del hombre.
Cada obra de amor, llevada a cabo con todo el corazón, siempre logrará acercar a la gente a Dios.
Cada pueblo tiene la ingenua convicción de ser la mejor ocurrencia de dios.
Cada uno en su casa y Dios en la de todos.
Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces.
Casi todos los crímenes que castiga la ley se deben al hambre.
Castiga a los que tienen envidia, haciéndolo bien.
Cerca de la iglesia, lejos de dios.
Como el camino terreno está sembrado de espinas, Dios ha dado al hombre tres dones: la sonrisa, el sueño y la esperanza.
Con hombres que no creen en mí, no puedo ni quiero asociarme.
Con un dios le bendiga no se compra nada.
Con veinte años todos tienen el rostro que Dios les ha dado; con cuarenta el rostro que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen.
Converso con el hombre que siempre va conmigo. Quién habla solo, espera hablar con Dios un día.