El hombre no reza para dar a Dios una orientación, sino para orientarse debidamente a sí mismo.
El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligdo a inaventar la risa.
El humilde conocimiento de ti mismo es un camino más seguro hacia dios que el camino de la ciencia.
El instante vuela incontenible, y aunque nos esforcemos estamos condenados a pasar sin detenernos.
El rendirse a la ignorancia y llamarla dios siempre ha sido prematuro y sigue siéndolo hoy día.