Sin amistad el hombre no puede ser feliz
Sin el conocimiento libre, sin comprender el trabajo y las funciones de "la máquina", el hombre no puede ser libre, no puede gobernar a sí mismo y siempre va a seguir siendo un esclavo.
Sin el hombre, no hay dios. Pues sólo el hombre puede ser tan vanidoso, para creer que para él se hizo todo el universo.
Sin pasión, el hombre sólo es una fuerza latente que espera una posibilidad, como el pedernal el choque del hierro, para lanzar chispas de luz.
Sin sonrisa de mujer no hay gloria completa de hombre.
Sin un corazón lleno de amor y sin unas manos generosas, es imposible curar a un hombre enfermo de su soledad.
Solamente el hombre religioso es siempre el mismo. Porque su Dios no cambia.
Sólo el hombre culto es libre.
Sólo el hombre íntegro es capaz de confesar sus faltas y de reconocer sus errores.
Sólo el hombre que nada espera es verdaderamente libre.
Sólo el hombre sabio, sólo aquel cuyos pensamientos son controlados y unificados, hace que le obedezcan los vientos y las tempestades del espíritu.
Solo está el hombre, con su sueño, su sombra y su deseo.
Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntárselo. Y si responde "sí", entonces sabes que está corrupto.
Solo la muerte, salva al hombre de su propia muerte.
Sólo la propia y personal experiencia hace al hombre sabio.
Solo las ilusiones nos ayudan a vivir. Un hombre que supiese toda la verdad, debería sentarse al borde de un camino y llorar hasta la muerte.
Sostengo que cuanto más indefensa es una criatura, más derechos tiene a ser protegida por el hombre contra la crueldad del hombre.
Soy el hombre más sencillo que existe, pero cuando siento un "grito" en mí, no acepto transformarlo en una "vocecilla" para complacer a los mudos y a los tartamudos. Pues yo no deseo agradar a nadie, ni tener discípulo ni ser discípulo. He venido a este mundo por algunos instantes y quiero lanzar un grito y partir. Nada más.
Soy hombre, nada humano me es ajeno.
Soy un hombre apasionado del viento, por él hubiera dado toda mi vida.
Suelen decir que el hombre que apetece soledad tiene mucho de dios o de bestia.
Tal como un hombre inteligente no teme parecerle tonto a otro hombre inteligente, el hombre elegante no tendrá miedo de que su elegancia pase inadvertida al gran señor, sino al patán. Las tres cuartas partes de los alardes de ingenio y mentiras vanidosas que los hombres han prodigado, rebajándose, desde que el mundo es mundo, iban dirigidas a inferiores.
Tal vez suceda que una vez cada siglo la alabanza eche a perder a un hombre o lo haga insufrible. Pero es seguro que una vez cada minuto algo digno y generoso muere por falta de elogio.
Tales obres son como espejos: si se mira un mono es imposible que refleje un hombre.
También a un gran hombre lo puede exasperar una miserable mosca.