Un capuchino decía: "¡Qué sabio ha sido Dios poniendo la muerte después de la vida! Porque si la hubiera puesto antes, no hubiéramos tenido tiempo para hacer penitencias".
Un dios honrado es la obra más noble del hombre.
Un hombre que piensa no en una mujer como un producto o servicio del sexo, sino en el sexo como un ingrediente de una mujer, puede hacer el amor.
Un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a Él.
Un poco de filosofía hace al hombre ateo, mucha filosofía lo lleva a Dios.
Una madre tiene algo de Dios y mucho de ángel.
Uno de los grandes secretos del trato con los hombres consiste, para los inteligentes, en fingir menos inteligencia de la que tiene, y para los tontos, en fingir más.
Uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen.
Usted cree en un dios que juega a los dados, y yo, en la ley y el orden absolutos en un mundo que existe objetivamente, y el cual, de forma insensatamente especulativa, estoy tratando de comprender.
Verdaderamente tiemblo por mi patria cuando pienso que Dios existe.
Yo creo que es mejor pensar que Dios no acepta sobornos.
Yo nací un día que Dios estuvo enfermo.
Yo no puedo ser religioso ni creer en dios. Prefiero la filosofía, la lógica, la razón, pues no puedo poseer al mismo tiempo lo evidente y lo incomprensible.
Yo no sé si Dios existe, pero si existe, sé que no le va a molestar mi duda.
Yo solo creería en un Dios que supiera bailar.
¡Ay, hermanos, ese dios que yo creé era obra humana y demencia humana, como todos los dioses!.
¡Dios me libre de enemistades de amigos!
¡Dios mío, qué guapa estabas esta tarde cuando hablamos por teléfono!
¡El amor! Es el ala que Dios ha dado al alma para que pueda subir hasta él.
¡La ambición! Inmortal óleo divino con que Dios purifica el barro humano.
¡Que el Dios que has inventado te perdone!.
¡Si sólo dios me diera una señal clara!... como depositar a mi nombre una enorme suma de dinero en un banco suizo.
¿A qué fingir el labio risas que se desmienten en los ojos?.
¿Crees en Dios? Si crees en él existe; sino crees, no existe.
¿De veras es posible imaginarse un Dios que se limitara a crear la ley de la causalidad, y luego, después de dar el primer impulso para poner en marcha el mundo, dejara sucederse todos los hechos posteriores de manera predeterminada e inevitable? No, no quiso que las cosas fueran tan sencillas: puso en el universo a un rival de la misma categoría, el libre albedrío, que está en todo momento dispuesto a plantar cara a la causalidad, incluso cuando él mismo cree someterse dócilmente a un mandato insondable.