No pensaban suficientemente hondo, así que su sentir no descendía hasta los fondos.
No pocas veces ya he dicho adiós; conozco las horas desgarradoras de la despedida.
Prefiero unos pocos allegados a las malas compañías; pero deben saber ir y venir oportunamente.
Pues estaba acostumbrado a caminar en la noche y le gustaba mirarle a la cara a todo lo dormido.
Qué sabe del amor quien no ha tenido que despreciar precisamente lo que más amaba.