Discutir en el peligro es apretar el dogal.
El amor es una tontería hecha por dos.
El coraje no se puede simular: es una virtud que escapa a la hipocresía.
El mal de la calumnia es semejante a la mancha de aceite: deja siempre huellas.
El método más seguro de permanecer pobre es, sin duda, ser una persona franca.
El optimista se equivoca con tanta frecuencia como el pesimista, pero es incomparablemente más feliz.
El porvenir de un hijo es siempre obra de su madre.
En la guerra como en el amor, para acabar es necesario verse de cerca.
En política hay que sanar los males, jamás vengarlos.
Es injusto que una generación sea comprometida por la precedente. Hay que encontrar un medio que preserve a las venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes.
Hace falta más valor para sufrir que para morir.
Hay ladrones a los que no se castiga, pero que roban lo más preciado: el tiempo.
Hay que encontrar un modo de preservar a las generaciones venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes.
Hay tantas leyes que nadie está seguro de no ser colgado.
Imponer condiciones excesivamente duras es dispensar de su cumplimiento.
Imposible es una palabra que sólo se encuentra en el diccionario de los necios.
Interpretar la ley es corromperla, los abogados las matan.
La ambición jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza.
La batalla de la vida no siempre la gana el hombre más fuerte, o el más ligero, porque tarde o temprano, el hombre que gana es aquel que cree poder hacerlo.
La batalla más difícil la tengo todos los días conmigo mismo.
La envidia es una declaración de inferioridad.
La guerra es un juego serio en el que uno compromete su reputación, sus tropas y su patria.
La independencia, igual que el honor, es una isla rocosa sin playas.
La lectura es para el espíritu, lo que la gimnasia para el cuerpo.
La mejor forma de cumplir con la palabra empeñada es no darla jamás.