La guerra es un juego serio en el que uno compromete su reputación, sus tropas y su patria.
La independencia, igual que el honor, es una isla rocosa sin playas.
La lectura es para el espíritu, lo que la gimnasia para el cuerpo.
La mejor forma de cumplir con la palabra empeñada es no darla jamás.
La muerte es un ensueño sin ensueños.
La opinión pública es un poder al que nada resiste.
La policía a veces inventa más de lo que descubre.
La religión es el reposo del alma, la esperanza. Es el bote salvavidas de los infelices.
La sabiduría más verdadera es una resuelta determinación.
La verdadera felicidad social consiste en la armonía y en el uso pacífico de las satisfacciones de cada individuo.
La victoria pertenece al más perseverante.
Las bases indispensables de la sociedad son el ocio y el lujo.
Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo.
Las mujeres no son otra cosa que máquinas de producir hijos.
Las personas que debemos temer no son las que no están de acuerdo con nosotros. Debemos temer las que no están de acuerdo y son demasiado cobardes para darlo a entender.
Lo imposible es el fantasma de los tímidos y el refugio de los cobardes.
Los conquistadores deben ser tolerantes y proteger todas las religiones.
Los hombre generalmente no pasan de criaturas adolescentes.
Los hombres que han cambiado el mundo no lo han conseguido remplazando a los gobernantes, sino siempre agitando a las masas.
Los ingleses de primer rango tenían orgullo, por desgracia los nuestros sólo tenían vanidad; ahí reside la gran diferencia que caracteriza a los dos pueblos.
Los sabios son los que buscan la sabiduría; los necios piensan ya haberla encontrado.
Mas vale tener un enemigo conocido que un amigo a la fuerza.
Me encanta el poder. Pero lo amo como a un artista. Me encanta como el músico ama a su violín, para extraer de él sus sonidos, acordes y armonías.
Nada mas difícil, pero nada mas precioso que el saber decidirse.
Nada más imperioso que la debilidad cuando se siente apoyada por la fuerza.