Es más fácil dejar de hablar de política que moderarse.
Es más fácil engañar que desengañar.
Es necesario que la moral y las ideas políticas de la generación que está formándose dejen de depender de la noticia del día o de las circunstancias del momento.
Es necesario sembrar para el futuro.
Es privilegio de los bufones, decir verdades que todos callan.
Francia sólo admira lo imposible.
Hace falta más valor para sufrir que para morir.
Hay cuatro cosas que ponen al hombre en acción:interés, amor, miedo y fe.
Hay ladrones a los que no se castiga, pero que roban lo más preciado: el tiempo.
Hay que encontrar un modo de preservar a las generaciones venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes.
Hay que presentarse ante los enemigos y ponerles buena cara; si no, creen que se les teme y eso les hace intrépidos.
Hay tantas leyes que nadie está seguro de no ser colgado.
Imponer condiciones excesivamente duras es dispensar de su cumplimiento.
Imposible es una palabra que sólo se encuentra en el diccionario de los necios.
Inglaterra y Francia tuvieron en sus manos la suerte del mundo, sobre todo la de la civilización europea. Cuánto mal nos hemos hecho y cuánto bien podríamos habernos hecho.
Interpretar la ley es corromperla, los abogados las matan.
La ambición de dominar sobre los espíritus es la mas poderosa de todas las pasiones.
La ambición jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza.
La Asamblea Constituyente cometió una gran tontería al abolir la nobleza, lo que humilla a todo el mundo. Yo he hecho algo mejor: he convertido en nobles a todos los franceses, todos pueden sentirse orgullosos.
La batalla de la vida no siempre la gana el hombre más fuerte, o el más ligero, porque tarde o temprano, el hombre que gana es aquel que cree poder hacerlo.
La batalla más difícil la tengo todos los días conmigo mismo.
La Biblia no es un mero libro, sino una creación viviente, con un poder que vence a todo cuanto se le opone.
La educación de una persona comienza dieciocho años antes de su nacimiento.
La envidia es una declaración de inferioridad.
La grandeza de Mahoma está en haber conquistado la mitad del globo en diez años, mientras que el cristianismo necesitó trescientos para establecerse.